¿Cuánto cuesta un libro?, ¿cuánto vale un libro?

Ecosistema literario / Ariel Di leo

Desde que empecé a transitar las bambalinas de la industria editorial (hace ya más de cuarenta y cinco años) he escuchado, y muchas veces repetido, el “mantra” ¡qué caros que están los libros! 

Recién cuando comencé a plantearme seriamente la posibilidad de publicar La Rama y, eventualmente, editar libros, me interesé por el entramado económico y financiero que hace funcionar la actividad. Hasta ese momento, sólo entendía sobre tarifas de imprenta y de diseño.

El libro, en Argentina, se comercializa con un precio único e igual en todo el país, cualquiera sea su canal de distribución (Ley 25542). Ese precio de venta al público (PVP), coloquialmente precio de tapa, se reparte entre los diversos actores del ecosistema según unos porcentajes bastante establecidos por la práctica, a saber: 10% para el autor, 30% para el editor, 20% para el distribuidor, 40% para el librero. Víctor Malumián, dueño de Ediciones Godot, distribuidora Carbono y organizador de la Feria de Editores, en una reciente entrevista de Infobae opinó sobre estos porcentajes: “¿Te parecerá mucho? ¿Te parecerá poco? El librero te va a decir: ‘necesito un local grande. Tiene que haber muchos libros, mis empleados tienen que estar capacitados para recomendar libros, el local tiene que estar bien iluminado, tiene que estar limpio y ordenado, tiene que estar en el lugar donde la gente pase, el agua me la cobran por metro cuadrado en vez de por la canilla que tengo en el fondo. Bueno, eso sale plata’. El distribuidor te dice: ‘Yo tengo que colocar los libros por todo el país’. Tiene un sistema de gestión: guardarlos, cuidarlos. ‘No me alcanza’. La editorial te dice: ‘Yo tengo que pagar papel, imprenta, encuadernación, traducción, corrección, maqueta, diseño y me tendría que hacer un sueldito’. Y el otro que se lleva el 10%, el autor, te dice: ‘Yo laburé tres años, compré libros que me sirvieron para escribir ¿y me llevó el 10%?’ Todos sienten que cobran poco”.

Además, el libro es casi la única mercancía que se sigue vendiendo mayoritariamente bajo el sistema de consignación. ¿Qué significa eso? Que la gran mayoría de los libros que llenan las mesas y estantes de una librería no son del librero que los vende, son del editor que los tiene allí consignados. El librero recién pagará después de la venta, con la liquidación de fin de mes. Los que no se vendan serán devueltos, para hacer lugar a nuevos títulos.

Mientras tanto, ¿cuáles son los costos de producción de un libro?, se venda o no se venda. Según un informe de la Cámara Argentina del Libro (que agrupa a las pymes del sector) el costo principal es el papel, 54%; luego viene la impresión, 20%; la encuadernación, 15%; el diseño, 6%; y la edición, 5%. Otros servicios, como traducción, ilustración, fotografía, etc., en caso de ser necesarios, se agregarían a la “torta”.

En el ámbito comercial, para fijar el PVP de un libro, el editor que es quien se hace cargo de todos los costos, divide el total por la cantidad de ejemplares y ahí tiene un costo base, que multiplicado por 6, 7 u 8, según la expectativa de recupero, da el precio de tapa. Esta es a grandes rasgos la operatoria comercial institucionalizada.

En el otro extremo está el autor que se autopublica. Este se hace cargo de la confección del libro, de su promoción, distribución y venta. Este libro puede estar autoeditado, o no, pero todos los costos se solventan con el bolsillo del autor (o de alguien que le da la plata). En general, el autor suma todo lo que pagó o debe pagar, lo divide por la cantidad de ejemplares, lo multiplica por dos (a veces por menos), y así llega al precio de venta unitario. La experiencia me permite inferir que en el 90% de los casos no recupera ni el 50% de los costos, y la mayoría del resto apenas “sale hecho”. De ganancias, conozco un único caso, y este admite un montón de “peros”.

Entre una y otra modalidad están las editoriales independientes (micro, pequeñas y medianas empresas editoras) que aplican en todo, en parte o en ninguna medida el conjunto de criterios aquí expresado, partiendo de estrategias particulares de producción, distribución y comercialización. En el resultado final, mi conocimiento del sector encuentra dos constantes: una, el PVP suele ser entre un 35% y 50% más barato que el de un libro equivalente de una editorial comercial; dos, el autor no pone plata, pero tampoco recibirá plata por parte de la editorial, recibirá en cambio un porcentaje de los ejemplares impresos, que comercializará o regalará según su criterio y posibilidades.

Como dije en mi artículo anterior, al libro, hay alguien que lo escribe, alguien que lo corrige, alguien que lo edita, alguien que lo diseña, alguien que lo imprime, alguien que lo lleva a la librería y alguien que lo vende. Y ahora agrego: cada uno de ellos quiere y debe cobrar por su trabajo. El PVP de un libro “promedio” es parecido al de docena y media de empanadas “promedio”. El trabajo, los conocimientos y el tiempo implicados en su confección no son equiparables. En ambas mercancías hay ejemplos de buena y de mala calidad, con todos los estadíos intermedios. Yo me permito opinar que los libros no están caros, tal vez el problema reside en que nuestros sueldos están baratos.

Ariel Di Leo

Diseñador Gráfico. Editor.

Río Gallegos. SC.

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