Pulpo, migrante, combativa…

Nair Gramajo, de Cañadón Seco al mundo

Entrevista / Patricia Sampaoli de Bonacci

Nair Gramajo.

Descubrí a Nair después de participar de un pequeño taller, dictado en el marco de las actividades propuestas por la Secretaría de Cultura de Caleta Olivia. Una se cree que ha perdido la capacidad de asombro al írsele juntando tantas décadas, pero la realidad muestra que no… 

Un poco alejada de los andariveles literarios, más abocada a mis especialidades académicas, se me había escapado esto de los videopoemas. Síntesis perfecta entre imagen y texto que nos golpea, casi siempre, alguna fibra, de esas que misteriosamente nos recorren, de esas que vagan quedamente por nuestros lados internos y que, como el magma, en algún momento, provocan una erupción. Sí, sí, parece que estamos hechos de muchos volcanes latentes, somos un planeta con pies y manos, geomorfológicamente colocados para andar y sentir.

La historia de Nair, comienza, como ya dije, en esa pequeña localidad del norte de la provincia de Santa Cruz, Cañadón Seco (mi patria de infancia). Infancia, adolescencia, lecturas, buenos maestros, amar los viajes y las pelis, el saber estar con una misma sin aburrirse nunca… me parecía verme al escucharla.

Su hogar, con la primera cámara que le regalara su abuela, su viaje y estadía en Catamarca -lugar de sus mayores y mejores descubrimientos de vida-, fueron formando a esta realizadora de cine experimental que hoy lleva por el mundo su lugar de origen, un rinconcito de la Patagonia.

Sabemos que se dedica a la dirección, la realización, el guión, la producción, la edición/posproducción y el arte. Sus temas de interés son la territorialidad, la corporalidad, el antiextractivismo y lo experimental en palabras e imágenes. Todo esto y mucho más aparece cuando se coloca su nombre en las redes y yo, frente a ella, veo a una mujer extraordinaria.

Buenas maestras y profesoras, durante su infancia y adolescencia en Cañadón, la estimularon a leer y escribir.   A los 6 años ganó el premio de un concurso escolar, con un cuento que tuvo que leer   frente a toda la escuela. El cuento se llamaba El Nene y todos los personajes se identificaban solamente con ese nombre: el nene.

En sus tiempos juveniles se vio siempre atravesada por el arte y lo disciplinar en todas sus formas; los feminismos y el debate de género, del cuerpo, de la sexualidad, de la legalización de la mariguana, fueron temáticas que, de la mano de una excelente profesora de filosofía, comenzaron a formar parte de su agenda de vida. Todo un hito en su formación que la llevó derechito a estudiar esta disciplina: del Colegio Secundario Marcelo Spínola en Caleta Olivia, pasó a la Universidad Nacional de Catamarca.  

“Catamarca, primera migración de mi vida, me fui a vivir con mi papá”, me cuenta. “Me estresaba Buenos Aires, no me sentía capaz de vivir ese tumulto. Mi vida en Cañadón Seco era muy tranquila, alquilaba siete videos para ver los fines de semana. Era mi diversión. Nunca hice cosas juveniles, para mi edad, siempre estuve más abocada a las expresiones artísticas”.

Esta joven, nacida en 1994, se fue formando en diversos ámbitos desde su infancia, el haber hecho teatro durante todo el secundario, la llevó a estudiar artes escénicas unos años después en el Instituto Universitario Patagónico de las Artes (IUPA, en Gral. Roca, Río Negro). En IUPA estaba todo articulado integralmente: cine, danza, teatro, artes visuales, folklore. 

En Catamarca encontró un grupo de teatro que fue muy importante en su vida. Tomó clases con un maestro: Pablo Navarro (El Rodeo), lo que le cambió la percepción de todo lo que pensaba, de todo lo que ya había visto en torno al arte.  

Me dice: “Cine es algo que terminé haciendo, pero que no estudié, estudié filosofía, artes escénicas, hice también mucha danza contemporánea y también performance”.

Nair vivió etapas donde se sentía dividida entre su mundo académico, como estudiante investigadora con una beca CIN, y la ebullición propia de participar afuera con un potente grupo que desestabilizaba mediante el teatro.  

Su primer videopoema surgió de un Taller de Guión Documental-Ficción, dictado por el guionista Gasperi: 

“Yo estaba leyendo algo referido a ficción no sé en qué cátedra que estaba cursando en Filosofía. Fue mi primer taller de cine. Salgo del taller con la consigna de escribir. Me había pasado algo fuerte, emocional, llego a mi casa y había una mariposa gigante negra en el baño. Saco mi cámara, que me había regalado mi abuela y la filmo, pero antes de eso pongo en mi computadora una canción, antes de eso llegué y escribí como él nos dijo, algo que era muy poético acerca de los viajes, de viajar, en realidad de buscar afuera lo que siempre está dentro de uno, una cosa así, muy espiritual (…) Y grabo la mariposa y le pongo música y me grabo diciendo el texto. Ese video que dura 2 minutos fue mi primer video. Nadie lo vio. Solo mi papá y ese día, el día del taller y la presentación en Caleta, él se dio cuenta de que eso era una video poesía”.

En pandemia comenzó con las experimentaciones, con videos a distancia. Ganó un premio de la Fundación Bunge y Born que incluía tutorías, aprendió un montón acerca del videoarte y del cine experimental. Se le abrió un abanico de biografías y bibliografía, de realizadores. Clases intensivas que le abrieron la cabeza: cosas que había hecho y que ni siquiera tenía información para pensarlas.

Le pedí tres palabras que la definieran, me dijo: pulpo, migrante, combativa.

“Hoy creo que, como un pulpo, tengo muchas cosas, no puedo parar de hacer tantas cosas, me gustan”. “Me encanta mezclar las disciplinas, a veces no veo los límites”.

“Soy migrante, tengo cédula uruguaya, aparte del DNI argentino. Comencé lazos con Chile por un proyecto de archivos y videopoesía. Me gusta viajar, conocer otras culturas, otras gastronomías, otras historias, otras formas de hacer cine”.

“Combato toda la vida los géneros, en todos los sentidos. Para mí están para crear más, no quedar en eso. Para romperlos y seguir remontando”.

Para Nair, la videopoesía es un subgénero dentro del cine experimental que tiene toda una historia, tiene referentes, tiene un surgimiento. El cine experimental le permitió, al tener una cámara y querer decir algo, poder hacerlo primero sin ningún tipo de reglas, porque carecía de formación. Después, eligió dónde formarse y con quiénes: Ángela López Ruiz, artista, curadora de arte e investigadora uruguaya fue clave en ello. Gracias a su invitación le cambió la vida, en Montevideo se engendraron lazos, realizó obras. Su primer corto autobiográfico, con una escritura filosófico poética, le permitió participar en el Salón de Artes Visuales de Argentina, una puerta gigante que le abrió a otra escala la muestra de sus trabajos. 

Actualmente, sigue investigando en Montevideo este género experimental -donde impera la síntesis, la brevedad-, dentro de un programa de arte, ciencia y tecnología.  

La brevedad, para la que se requiere un Océano (aquí me permito la autorreferencia a mi libro de cuentos breves Para la brevedad basta un Océano), se patentiza en los videopoemas y esta brevedad me recuerda a Hemingway, quien escribió el mejor cuento corto del que se tiene noticia: Vendo zapatitos de bebé, sin uso.

Patricia Sampaoli de Bonacci

Doctora en Historia. Escritora.

Caleta Olivia. SC.

Comentarios y sugerencias son bienvenidos en el mail revista.larama.2019@gmail.com

Scroll al inicio