Entrevistas / Gabriela Luque y Patricia Jiménez

Foto: Gustavo Gorrini (TN Cervantes)
A lo largo de estos últimos dos meses, en instalaciones del Teatro Municipal, el público riogalleguense acompañó la presentación de una obra teatral escrita por un dramaturgo santacruceño, seleccionada y coproducida por el Teatro Nacional Cervantes conjuntamente con la Municipalidad de Río Gallegos como parte del programa “El Teatro Nacional Cervantes produce en todo el país”, y dirigida y actuada por un elenco también santacruceño, con el apoyo de técnicos del mismo origen.
Nos referimos a Antígona de las nieves, obra del dramaturgo, director, actor y tallerista Martín Marcou, quien reversiona a uno de los personajes arquetípicos de la literatura universal, la Antígona del mundo clásico y la sitúa en el contexto de la gran nevada acaecida en la provincia en el invierno de 1995.
Es innegable que todo el proceso de producción y puesta en escena despertó el interés de la comunidad teatral y de un público amplio, sorprendido, en primer lugar, por la espectacularidad de la puesta en escena.
Las funciones previstas agotaron las entradas gratuitas, e incluso se ofrecieron funciones especiales, para distintos establecimientos educativos y la misma universidad, con participación de estudiantes y docentes de la Escuela de Letras de la Universidad Nacional de la Patagonia Austral (UNPA).
Revista La Rama no podía estar ajena a este acontecimiento cultural, por eso es que, además de presenciar la obra y de compartir la experiencia con muchos espectadores, también dialogó con el director Ignacio Aguirre y con tres de sus actores y actrices: Jimena Martínez (Antígona), Andrés Alaniz (Gobernador) y Silvina Vilanova (Calista).
Entrevistas
Ignacio Aguirre, director a cargo de la puesta realizada en el Teatro Municipal Héctor Marinero, de Río Gallegos.
¿Por qué dirigir Antígonadelasnieves? ¿En qué marco teatral se hizo la puesta, y cuántas funciones brindaron en el Teatro Héctor Marinero? ¿Qué te atrajo de la historia de Martín Marcou?
Antígona de las nieves surge del convite que me hace Martín Marcou, dramaturgo, específicamente para la convocatoria abierta “TNC Produce en el país”, del Teatro Nacional Cervantes 2025, a la cual aplicamos en julio del año pasado, para la producción de este año. En un viaje de Maestría, que estamos haciendo con gran parte del equipo, viajando algunas veces para algunos seminarios, en ese caso puntualmente para el cierre de nuestros dos primeros seminarios, que es donde Martín toma contacto conmigo, comentándome de la convocatoria, que nosotros ya conocíamos, y para la que deseábamos hacía muchísimos años, en algún momento poder aplicar. Así es que me convida este texto delicioso, que nos tocó un montón de fibras, que recuerdo con mucha emoción haberlo leído entre Tandil y Buenos Aires para la vuelta, e ir llorando durante todo el viaje, en la lectura.
Algo que nos pareció fantástico era que también nos daba una posibilidad única de poder aplicar, con un texto que era del origen de lo situado, con esta reivindicación, sobre los movimientos y más en este contexto actual. Sentíamos que tenía una potencia única. Y que nos daba un montón para jugar, y que también me invitaba a mí a pensar una tragedia, cosa que quizás en otro momento de mi vida creo que no se me hubiese cruzado por el cráneo, dirigir una tragedia. Entonces, fue a partir de eso que se da esta posibilidad de pensar Antígona de las nieves.
¿Por qué elegiste el Teatro Municipal Héctor Marinero?
Se elige el Teatro Municipal luego de la preselección que hace el Cervantes, esto tiene varias instancias. Se presentaron 66 postulaciones nacionales, durante el año pasado para esta convocatoria.
Hay un jurado externo de calificación, que propone el Teatro para evaluar la condición artística de las propuestas, y luego de eso pasan dos o tres rondas ya internas. Una tiene que ver con las condiciones de producción y la viabilidad del proyecto. Eso fue alrededor de septiembre, en que nos comunican que estábamos preseleccionados. Tuvimos una reunión que tenía que ver con eso. Ahí se indaga sobre las posibilidades de cogestión que hay en la provincia, que podía ser con el Gobierno Provincial o la Municipalidad. Y entendíamos que la Municipalidad reunía las condiciones técnicas mínimas e indispensables, como para poder llevar un proyecto así.
Rafi Castillo, como jefe del Teatro Municipal, es un teatrista de muchísimos años y mucha trayectoria, que bien podía aportar como un interlocutor válido ante las exigencias del Teatro Nacional Cervantes para una puesta por el estilo. Y también la apertura de la Municipalidad de Río Gallegos, en la figura del intendente, que decidió dar curso al convenio con el Cervantes.
¿Cómo fue la selección de los actores?
La selección de los actores tuvo que ver con un procedimiento que es de audiciones públicas, una condición sine qua non del Teatro Nacional. Si bien es cierto que varios de ellos vienen trabajando conmigo en otras producciones anteriores, y somos un gran colectivo denominado “AONI Estudio Teatro”, es decir, que venimos trabajando en diferentes propuestas y en diferentes espacios. Entre ellos el Profesorado de Teatro del Instituto Provincial Superior en Arte (IPSA), algunas escuelas, el estudio en sí mismo y otras producciones.
Lo cierto es que acá todo el mundo debía audicionar. Se presentaron más de treinta y pico de personas, y con la presencia de los productores ejecutivos del Teatro Nacional Cervantes se fue conformando el elenco para el cual audicionaron cada uno de los actores y las actrices. Primero, en una instancia individual, con sus respectivos monólogos. Y luego, en una parte grupal, donde se trabajaron las escenas entre todos los que habían pasado, en la segunda ronda. Así que, es un poco eso. Veníamos trabajando principalmente en Los Fines (obra de Guillermo Yanícola), que fue nuestra primera producción, que también dirijo yo. Luego se sumó Como si pasara un tren. Ambas producciones demandaron un año y medio de trabajo cada una.
Con Los Fines tuvimos la suerte de haber sido seleccionados en la Fiesta Provincial del Teatro, para representar a la provincia de Santa Cruz en la Fiesta Nacional en Catamarca, y haber hecho una gira provincial, haber ido a Tandil, a Mar del Plata, con un recorrido muy interesante de funciones. Hace un tiempo atrás, tuvimos la posibilidad de mostrar la obra también en el terreno expandido de las artes visuales, en el Museo de Arte Eduardo Minnicelli (de Río Gallegos), por una invitación -de Patricia Viel y Bettina Muruzábal- a poder pensarlo como una obra de arte, en tanto las personas podían recorrer el espacio y reconstruir aquellos fragmentos de teatralidad a partir de su recorrido, en la escenografía, los vestuarios, los registros de actuación y demás.
Luego vino Como si pasara un tren, con dirección de Silvina Vilanova, sobre un texto de Lorena Romanín, que también tuvo un montón de funciones y fue seleccionada por el público en el FesTeSa (Festival de Teatro Santacruceño), y obtuvo el tercer lugar en el Selectivo Provincial de Teatro consiguiendo los premios a mejor actriz y mejor actor. La verdad que, con un recorrido muy interesante, el grupo va consolidando en una suerte de identidad, de huella y de camino que vamos trazando, a partir de los trabajos y así hoy llegamos a Antígona.
Fotos de Gustavo Gorrini (TN Cervantes)
¿Cómo elegí la obra? Fue por este convite. A mí me atrajo mucho la posibilidad de pensar cómo es esto de una tragedia. Una tragedia, de alguna manera, más contemporánea, que dialoga con nuestro contexto, y a pesar de ser anterior a la última oleada feminista, funcionaba como un presagio de poder pensarla en el 95, en esto que se anuncia en la obra, de que viene un grupo de mujeres y maricas caminando, peregrinando.
Entendía que eso tenía un anclaje muy interesante en este contexto de gobiernos neoliberales y de derecha, que contribuía a poder repensarnos también en el territorio, desde esta perspectiva y desde la tragedia, que quizás era algo que no hubiera pensado nunca en dirigir. No por gusto, sino por la dificultad. Los grandes clásicos creo que tienen siempre la dificultad de que uno debe abordarlos con una gran conclusión sobre ellos, para poder llegar finalmente a un montaje.
De la adaptación de Martín (Marcou) me conmueve la utilización del lenguaje, que si bien no es un lenguaje lejano (algunas palabras pueden resultarlo), pero la configuración, el ordenamiento, el encadenamiento de determinadas palabras lo hace de una poética extraordinaria. Muy particular, muy interesante, que revitaliza y conecta permanentemente no sólo a la tragedia, sino al lugar, a la referencia, a la imagen. Nos convoca permanentemente una fuente inagotable de imágenes, que tienen que ver con la Patagonia, y con esta posibilidad de pensar también en lo fantástico, de contar una tragedia, de aquellas decisiones de puesta, que luego surgieron de poder mezclarla como si se cruzaste con el género de fantasía. Esto de que Antígona agarre desde la tierra y arranque como una lanza de hielo que se ilumina. Había algo del empoderamiento, de la conexión de ella como semidiosa o diosa, con este villano tan villano, con esta mística del brujo, de poder tomar otras decisiones como traer el cuerpo de Elián en la muerte, pero a la vida en escena, a partir de eliminar la figura del coro, como el procedimiento de la tragedia, y poder repartirlo entre el resto de los personajes, y darle -¿por qué no?- vida nuevamente, y voz, como el muerto que habla en escena.
La verdad que me sedujo un montón poder revisar algunas cuestiones de la tragedia, que siempre algunos grandes maestros de la actuación, más clásicos, dicen: «Bueno, la tragedia se actuaba de tal o cual manera, y el desafío en los actores siempre está en que digan con este nivel de verdad determinadas palabras». Y lo cierto es que, realmente, en nuestro contexto de producción en Argentina, y en particular acá en Santa Cruz, está bueno repensar, imaginar otras formas posibles también de hacer la tragedia.
Finalmente, nadie sabe cómo se actuaba la tragedia. Y son todas meras intuiciones de algo que creemos que…, y está conectado con reminiscencias de otras poéticas, y el hecho trágico en sí mismo, que parece conectar directamente con el llanto y con una cosa pesada y solemne, y que estaba interesante revisar también. Me parecía algo muy atractivo.
Y el poder otorgarle a la puesta -de alguna manera- algo en la fisura que yo encontraba en el texto, como punta para la creación, esta posibilidad de revitalizarla también en su forma narrativa. Decimos un poco más al tempo del scroll, que es algo que nos pasaba quizás con las funciones de gestión de públicos que organizaba el Teatro Nacional de Cervantes, que hacía que los pibes y las pibas conectaran muy rápidamente. Digo eso del tempo del scroll por el nivel de estímulo y de impacto visual, sonoro, auditivo, permanente en la obra, que hace que no se termine de instalar nada, que ya te está pegando un cachetazo y ya te está moviendo en otra sintonía, con una selección de música muy ecléctica, que hace a algo que si uno lo escuchase por separado diría «esto es un cambalache, no tiene nada que ver con nada». Y sin embargo, en la puesta siempre eso cobra sentido, y en la cabeza del espectador, en el corazón, eso siempre se mezcla y produce algo muy interesante.
¿Cómo fue la preparación de Antígona?
La preparación de Antígona fue larguísima. Recuerdo haber empezado a generar el preproyecto en junio, cuando convoco al equipo técnico-artístico inicial para la tarea; a Matías Silverii para el diseño de escenografía, a Lucía Zunda Meoqui para la asistencia de dirección, a Flor Cequeira para el departamento de Arte, a Diego San Sebastián en la producción local, y a Marcos Castillo para el diseño lumínico.
Nosotros presentamos esa propuesta con mis criterios y mis ideas de dirección sobre el texto, en conjunto con este boceto escenográfico, de iluminación, de vestuario, de maquillaje, para pensar una posibilidad de Antígona. El origen de la preparación tiene varias instancias, es un trabajo que nace previo, que de alguna manera -decimos al ritmo del oficio- a veces es contraintuitivo con respecto al trabajo de teatro independiente, ya que te obliga a imaginar e ir concretando de antemano cosas que después deben corroborarse en la escena, y deben ser acertadas, y conectar rápidamente con ese actor y esa actriz luego, aunque no sabés cuál será, producto de estas audiciones.
Entonces, es un ritmo vertiginoso, contraintuitivo, pero es un ejercicio muy interesante. Luego de eso, empieza toda una etapa de preproducción, donde se cotizan todos los elementos, la construcción, la mano de obra, etcétera, etcétera. Se afina la propuesta. En nuestro caso en particular, fuimos al Teatro Municipal, a tomar las medidas reales del escenario, a actualizar los planos que había del teatro, a ajustar esa escenografía o esos bocetos que teníamos a lo que podía llegar a ser finalmente, que también sufrió negociaciones y proyecciones, y cambios de último momento, para lo que después iba a tener que ver con el proceso de ensamblado, y por otro lado, ya de ensayo con los actores.
Luego de las audiciones, en mayo comienza ahí no más un periodo de ensayos previos, que empezamos a hacer en el estudio, en AONI. Luego comenzaron, en julio y agosto, los ensayos por contrato con el Cervantes, que son dos meses pagos de ensayos, y luego dos meses pagos de funciones. Fue todo un régimen de laburo que arrancó en un momento, y no se detuvo hasta el final de las funciones. Empezamos con la preproducción y encima ya se vino el casting, y a la vez del casting, dos laburos en paralelo. En mi caso, sentía que era como atender varios kioscos a la vez. Dar la respuesta a todo un equipo artístico-técnico, que hacía una cuestión de la obra, luego se sumó a la realización escenográfica Toto Silva; a la operación de luces Julián Ibáñez y al sonido, junto con Marcos.
Era por un lado, dar respuestas a eso, y por otro, al equipo de actores y actrices que empezaba a trabajar, a acercarse al material. Porque si bien ya habían audicionado, y habían elegido el personaje con el que iban a trabajar, y habían quedado seleccionados para eso, también debíamos bajar todas esas ideas iniciales o hipótesis de escena, que teníamos para con los actores y las actrices, y lo que estábamos buscando en términos particulares del personaje, y generales del espectáculo.
En todo ese diálogo, ir trabajando sobre esas hipótesis, en un espacio muy reducido como el de AONI, durante un mes. Luego pasamos al Teatro Municipal, lo que estuvo fantástico porque el municipio dispuso que, Antígona de las nieves, iba a ser la apuesta del año para el Teatro Municipal; tratando de valorizar esto de ser la primera vez del “Cervantes Produce en el país” en Santa Cruz, y especialmente, en Río Gallegos.
Eso nos dio una posibilidad y una libertad creativa y de espacio, que empezó a fluir muy interesantemente, en la medida en que también se fueron sumando los volúmenes escenográficos. Las propuestas de los actores empezaban a congeniar con el trabajo que hacíamos, y se sumaba la luz y el sonido, y fue todo un proceso -en ese sentido- bastante más natural, para lo que aparenta ser la estructura del Cervantes, en términos de preparación, que por ahí parecen ser compartimentos más estancos que se cosen al final.
En términos generales, fue muy fluido en esta propuesta. Quizás en la experiencia del actor sí sea más compartimentado el hecho de conseguir muchas cosas más técnicamente, y luego encontrarlas con la emoción, y que eso congenie, que es distinto también como forma de trabajo, pero en la totalidad fue bastante fluido.
Luego de la primera función, ¿qué sentiste? ¿Las demás funciones te dieron otra perspectiva de la obra que recreaste para el público que asistió a verla?
¡Después de la primera función fue una emoción! Como hacía mucho que no tenía, de algo que se había concretado, de un sueño que se había materializado, de algo que siempre habíamos soñado. Nosotros desde mi vuelta a Río Gallegos con Silvina Vilanova, siempre vimos con mucho cariño la posibilidad de aplicar en algún momento para el Cervantes, producir en el país y la verdad que haberlo concretado fue un sueño que se nos cumplió. En una nota en la radio una vez me dijeron: «Claro, ustedes decían, bueno, algún día vamos a estar ahí». Y nosotros en realidad pensábamos “ojalá algún día estemos ahí”.
En un siempre estar todavía en un paso previo de eso, porque de alguna manera siempre decimos “es como jugar en las grandes ligas”. Es el teatro profesional. Es el teatro nacional. El único teatro nacional del país que tenemos. Entonces, la verdad que cumple con un nivel de producción y de expectativa muy grandes. A nivel emocional también es durísimo, diríamos, porque conlleva un ritmo de trabajo muy importante, muy interesante, muy dedicado al proyecto, es como dedicarse exclusivamente al proyecto perfecto. Así que las sensaciones fueron entre la felicidad, el vértigo también de saber que esto se acaba tan rápido, que también es un tren que arranca, pero que tiene parada enseguida, o sea, el destino es corto. Son dos meses de trabajo, nosotros lo extendimos a tres luego del casting, pero son dos meses de contrato de ensayos, y luego dos de funciones y se acaba. Y en el medio, nosotros decidimos agarrar todo el paquete de funciones de gestión de públicos del Cervantes. Eso nos dio la posibilidad de trabajar con diversos colectivos, organizaciones sociales, políticas y colegios, que fueron llegando a la sala en la semana. Nos dio un ritmo de funciones muy interesante. Se hicieron veintiocho funciones, a sala llena. Algunas rebalsando incluso la capacidad permitida del teatro, doblándola con una recepción muy, muy, muy interesante.
Y por supuesto que, el resto de las funciones van dando otra perspectiva de la obra. Van cerrando algunos conceptos que quizás quedaban en cierta zona de indefinición, y que le dan otra claridad al espectáculo. Primero, porque los actores también se reencuentran con el material día a día. Siempre decimos que toda obra crece en el tiempo, crece con las funciones y quizás sí me remito a la experiencia de Los Fines, pero voy a ser injusto porque podría hablar de cualquier obra. Pero nosotros tuvimos un recorrido muy interesante de veinte funciones en un año, y treinta y cinco entre los dos años. Y la verdad es que, ese ciclo de veinte funciones en un solo año –en su mayoría en Río Gallegos-, fue algo bastante novedoso también, no sólo para la ciudad, sino para nosotros desde nuestra lógica del teatro independiente, donde uno hace una función ahora, luego quizás dentro de dos meses otra, y quizás dentro de tres más; y habernos fijado objetivos de poner muchas veces la función, que la función tenga respuesta, fue haciendo al crecimiento porque, por supuesto, cada vez que se hace eso, se crece con el público. Es de una variación infinita que tiene el espectáculo, en esa conexión que se da tan particular, cuando la obra se presenta al público. Eso también me fue devolviendo la perspectiva, y me fue devolviendo certezas de las hipótesis con las que construimos el espectáculo.
¿Cuáles son los próximos pasos con Antígona?
En cuanto a los próximos pasos, estamos viendo de programar para hacer, el año que viene, una gira regional con el apoyo de la Municipalidad. Vamos a estar intentando hacer una gira por la provincia, la isla (Tierra del Fuego) y quizás Chile. Esos serán los próximos pasos, y también está en negociaciones la posibilidad de ir con la obra al Teatro Nacional Cervantes durante el año que viene, compromiso también del intendente de poder llevarla hacia allá. Así que, estamos muy contentos, y también trabajando en la preproducción de todo eso, es un equipo tan grande de gente, que merece su atención en ese sentido.
Y por ahora, proyectos en carpeta es difícil pensar. Ideas hay muchas, fantasías hay miles. A mí últimamente me cuesta estar ya pensando otro proyecto. Y siempre como en esta doble condición, de dirigir y luego producir, o producir y dirigir, pero fundamentalmente tener la obra, y ya después dedicarme netamente a la producción de la misma, hace que necesite quizás hasta un tiempo de duelo, de separación de la obra, para poder recién pensar otro proyecto, porque cada vez que me largo con un proyecto me estoy largando con tiempos quizás más largos de trabajo, o en distintas lógicas, pero que hacen que sea exclusivamente eso, y que no me dé para -como en otros momentos de la vida- quizás abarcar dos o tres proyectos. Concentro la energía en uno, voy con ese, voy a fondo y ahí nos despegamos. Así que por ahora ideas hay muchas, fantasías también, y ganas de hacer. Lo bueno es que todo el equipo tiene como una manija al poder decir «hay cosas para hacer, hay muchas», pero particularmente como director en este momento, seguiremos con Antígona hasta que esto tenga su cierre natural, y luego de eso respiraremos hondo, y veremos cómo se continúa.
Al personaje Antígona:
Jimena Martínez, ¿cómo construiste tu personaje? ¿Tuviste que encontrar puntos en común entre el personaje y vos? ¿O partiste desde cero?
Para responder a la pregunta, en cuanto a la construcción del personaje, si tuve que encontrar puntos en común entre el personaje y mi persona, o si partí desde cero, quiero compartirles que en realidad la construcción del personaje justamente fue un proceso de rupturas, o de descomposiciones y de composiciones. Algunas de esas rupturas también tuvieron que ser mías personales, para poder componer, para poder construir este personaje. Y a partir de eso, el abordaje fue complejo, fue intenso; pero sobre todo fue un hermoso desafío, y una hermosa oportunidad, para poder habitar desde distintas aristas, desde distintos pliegues posibles, esta Antígona de las nieves.
Y en esta construcción participaron muchas personas. Nunca la construcción del personaje, pienso, es una instancia individual singular. Está la mirada del director, del asistente de dirección, que formaron parte de mi proceso.
Después, una vez que se pone en escena o en los ensayos, cuando uno empieza a trabajar con sus compañeros y compañeras de elenco, se profundiza en esos vínculos, también se va complejizando cada vez más, la construcción de ese personaje. Pero, para iniciarlo, sí hice un recorrido sobre todo de trabajar mucho la conciencia de la voz. Habitar la voz con un peso específico muy bajo. Eso fue un gran desafío, para poder resonar y expandir, pero desde una fuerza muy enraizada, desde el suelo. Lo mismo con la corporeidad, digamos, poder elevar, modificar algunas formas específicas de mi forma de estar con mi cuerpo, o sea, de Jimena, cambiarlo y llevarlo hacia Antígona. Poder construir esta corporeidad para poder magnificar esa presencia en escena, con esa fuerza en el cuerpo que necesitaba Antígona.
Por otro lado, todo lo que tenía que ver con la complejidad del texto, del decir de Antígona; y el desafío era poder quebrarlo. Poder construir imágenes que me permitieran de alguna manera teñir ese decir, con una apropiación mucho más cercana, con un sentido más profundo de cada palabra, y en ese decir también ir componiendo esta partitura de emociones, que sentía Antígona en cada escena, y en cada decir de sus textos.
En principio, hay puntos en común con Antígona y mi persona, o mi historia de vida. Me sirvieron para un inicio, pero intenté despegar y buscar otras imágenes, otras referencias, justamente para no quedar desde mi historia personal, o mi experiencia de vida, como colonizada por esas imágenes propias. Y fui construyendo otras que me permitieron el habitar la escena, desde ese lugar, con presencia del personaje, de Antígona de las nieves lo más posible.
Para construir el personaje, sí, tuve que pasar por un proceso de búsqueda muy interesante, en esto también de referentes, de luchas. De pensar, digamos, también como es ese grito de Antígona, en todo su cuerpo, no sólo en las palabras, no sólo en su voz.
Así que, fue un hermosísimo desafío, que fui construyendo en lo individual, pero por sobre todo en lo colectivo de todas las personas que formamos parte de este proyecto de Antígona de las nieves.
Al personaje Gobernador, tío de Antígona
Andrés Alaniz, contános algo de tu personaje y si convive con vos fuera del escenario. ¿Un actor recuerda el personaje al que le da vida, los días que no hay función teatral?
Mi personaje se llama el Gobernador. No tiene nombre, en el texto original, por lo que hubo muchas construcciones, que hubo que hacer desde otras capas, más allá de lo que dice, y lo que está anotado como didascalia correspondiente al personaje. Hubo construcciones que se fueron generando como emociones, o como conflictos internos, que ahí fue donde tal vez yo me sentí más identificado con él.
Me pasó, por ejemplo, que un monólogo relacionado con la resolución de él, con el final trágico que se plantea en el texto de Martín Marcou, me tocaba en lugares que tal vez yo me sentía un poco identificado, algunas situaciones que me han pasado personalmente. Alguna soledad, alguna falta de rumbo o incluso, también, algún momento en el que me sentí avasallado por todo lo que pasaba alrededor de mí. Entonces, la convivencia que se fue generando en la construcción del personaje en la previa, en los ensayos, se fue llevando a escena a partir de esos momentos, de esos puntos en común. Por lo que hay mucho de mí, y hay otras cosas que obviamente fueron surgiendo, que eso es puramente el gobernador en el escenario.
Así que los días que no hay función, el Gobernador está tranquilo, pero está dentro mío. Y me alimenta de algunas cositas. Me hace pensar «che, mañana podría probar esto si hay función”, y hay un diálogo constante en por lo menos qué va a pasar, cómo va a ser. Cómo va a ser diferente esta historia que ya está marcada de no poder salir de lo que me pasa, de no poder salir de lo que siento, pero aún así que suceda algo nuevo, que pase algo distinto a la función pasada, a la función número dos, a la función número 22. Y también dejarme atravesar por lo que sucede en escena. Ahí también está lo interesante, tal vez, de lo difícil de estar en escena, que es que en realidad hay que estar todo el tiempo atento.
Al personaje Calista, esposa del Gobernador
Silvina Vilanova, para construir tu personaje, ¿cuáles fueron tus puntos de partida?
Los puntos de partida en relación a la construcción de mi personaje, primero tuvieron que ver con bucear en mis experiencias personales, en mi maternidad. Y luego, mediante algunas indicaciones del director Nacho Aguirre, que tuvieron que ver con algunas referencias de películas o de series. Él suele colaborar en la construcción de los personajes, acercándonos algunas referencias, para que también desde ese lugar podamos imprimirles algunas cuestiones específicas a los personajes.
El proceso de construcción fue un proceso de mucha libertad. Y donde no solamente uno se apoyaba en las propias herramientas que tiene para actuar, sino también, por supuesto, en lo que podía devolver el compañero o compañera que estaba en escena.
Entendemos al teatro como un hecho colectivo, por lo que todo lo que sucede en escena impacta en nuestros personajes, y hace que las escenas crezcan. Y así crece la obra, a partir de dejarse atravesar por lo que sucede en escena, por los textos de otros personajes, por las emociones de los compañeros en escena.
Si bien Calista está presente a lo largo de toda la puesta, ¿cómo te sentís al estar en las escenas finales de la obra?
En relación a que Calista esté presente en las últimas escenas, eso tiene que ver con una decisión del director, porque la puesta sufrió modificaciones en relación al texto original, y esto me permitió, por ejemplo, cerrar la obra. Eso, por supuesto, me da mucho orgullo y mucha felicidad, el que el director haya puesto en valor mi trabajo actoral.
El monólogo final, yo lo venía trabajando, porque es el que solicitaba el Cervantes para la audición pública a la que accedimos todos los personajes. Así que, hace tiempo que lo venía trabajando. Y también, fue una enorme responsabilidad porque cerrar una obra es algo muy importante. Si bien eso a mí me generó mucha responsabilidad, para lograr la emoción que el director está esperando para ese momento, entiendo también que fue un trabajo colectivo. Yo llego a esa escena final muy atravesada por lo que va sucediendo, y por las emociones de todos mis compañeros, y de todo lo que sucede en la escena, y en las escenas previas.
Estamos convencidos de que estas conversaciones con Nacho, Jimena, Andrés y Silvina enriquecen la experiencia del público. Todavía queda un recorrido para esta Antígona santacruceña y es de esperar que todos los sueños aquí compartidos puedan concretarse. Y ojalá este proyecto del Teatro Nacional Cervantes, nuestro gran teatro nacional, siga rodando en su apuesta a un teatro de gran calidad, situado, regional, nacional y universal a la vez.

Gabriela Luque
Prof. y Lic. en Letras. Esp. en Gestión Cultural. / Río Gallegos. SC.

Patricia Jiménez
Periodista. Correctora. / Río Gallegos. SC.
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