Asistencia técnica

Aldea Global / Sergio Di Leo

El hombre bicentenario

Hace pocos días, leí en un newsletter al que estoy suscripto esta pequeña anécdota:
Beyhan Mutlu, de 50 años, se separó de sus amigos tras beber y fue reportado como desaparecido. Sin saberlo, se unió a la búsqueda organizada por la policía y voluntarios. Pasó varias horas buscando hasta que reconoció su nombre al ser llamado, dándose cuenta de que él era el perdido. Fue escoltado a casa sin consecuencias legales”.

El autor de la nota, que usó la anécdota como base para otras disquisiciones que no vienen al caso, mencionó que corroboró la información consultando una aplicación de inteligencia artificial. Ésta confirmó la veracidad del hecho y agregó como dato que el incidente ocurrió en İnegöl, provincia de Bursa, Turquía, en septiembre de 2021. Además, la aplicación utilizada afirmó que “no hay registros de eventos similares en 2025; para más detalles, consulta BBC News o Sky News”.

Inicialmente pensé que la historia era un buen disparador para hablar de anécdotas graciosas o extrañas que todos hemos conocido –y algunos hemos protagonizado, borrachos o no–. También recurrí a la app de inteligencia artificial (IA) para buscar material, y fue entonces cuando noté cómo esta fascinante herramienta se ha transformado en un asistente valioso para muchos, entre los que me incluyo, y los buenos servicios que puede brindar, si se la sabe aprovechar, a quienes utilizamos alguna variante literaria para comunicarnos.

Un recurso positivo

La IA ha producido un salto hacia adelante en la manera de relacionarnos con internet, con la búsqueda de información y con la simplificación de tareas más o menos repetitivas, similar a lo que, en su momento, provocó la aparición de Google en el mercado de los buscadores, hace ya más de 20 años.

Para quienes no vivieron ese proceso: antes de Google contábamos con Yahoo, Altavista, Lycos y algunos otros buscadores que ya no recuerdo. Incluso algunos sistemas operativos, como MacOS, ofrecían programas que reunían los resultados de varios buscadores al mismo tiempo (una especie de Trivago para internet, si se me permite). Las búsquedas eran lentas, tediosas, y había que ser muy específico para encontrar lo que se necesitaba.

Google desarrolló un algoritmo que cambió eso: ofreció una herramienta más poderosa, más amigable y tolerante con el usuario. Ya no hacía falta ser tan preciso; de alguna manera, el sistema aprendía a interpretarnos. En otras palabras, puso a internet al alcance de casi todos.

Las plataformas de IA, especialmente las basadas en tecnología de OpenAI, han producido un fenómeno similar. Hoy están reemplazando de manera acelerada la forma en que buscábamos información, y seguramente, en muy poco tiempo, desplazarán definitivamente la manera de acceder a internet que conocíamos hasta ahora.

Un chatbot de IA –ChatGPT es el más popular, pero hay muchos otros– permite contar con un asistente que puede corregirnos un texto, hacer una búsqueda temática específica, agregar información, enriquecer nuestro conocimiento.

En cierto sentido, se trata de un asistente ideal: no nos contradice, se desvive por entendernos y actuar en consecuencia, y es eficientísimo buscando, comparando y sintetizando información.

En la corrección de un texto, por ejemplo, no sólo eliminará errores de ortografía, sino que también corregirá la sintaxis, agregará algún dato si falta, mejorará la puntuación… todo respetando el estilo base del texto.

Por supuesto, si el escritor quiere usarlo con fines no muy éticos, también lo podrá hacer: copiando estilos de otros, haciendo que escriba párrafos enteros, etc. Pero ojo con echarle la culpa al pobre asistente: quien decide ir por la senda del engaño es el autor, no la IA.

De qué se trata

Para adentrarnos un poquito más, veamos un ejemplo.

Tomé un texto mío (un par de párrafos de un artículo publicado en La Rama), ya corregido por mí y por alguno de los editores de la revista: 

Aunque parezca una falacia, el concepto de futuro que manejamos prácticamente todos los seres humanos del planeta y compartimos como un conocimiento inmutable en las sociedades que integramos, no es ancestral, ni siquiera antiguo, ya que no tiene más que dos o tres siglos de existencia.

Algo tan común para nosotros como pensar en lo que vendrá, imaginar un tiempo con elementos, valores y conductas distintas a las actuales, tomar decisiones en función de analizar los datos actuales para prever lo que vendrá, no era un elemento existente ni en las mentes más brillantes ni en las menos favorecidas, aún después del Renacimiento europeo.

De hecho, los primeros conceptos de futuro empiezan a aparecer en las sociedades europeas entre fines del siglo XVI y principios del XVII, y se consolidan y normalizan recién a finales del XIX”. Le pedí a ChatGPT que lo corrigiera. Este fue el resultado:

Aunque parezca una falacia, el concepto de futuro que manejamos prácticamente todos los seres humanos del planeta —y que compartimos como un conocimiento inmutable dentro de las sociedades que integramos— no es ancestral, ni siquiera antiguo, ya que no tiene más de dos o tres siglos de existencia.

Algo tan común para nosotros como pensar en lo que vendrá, imaginar un tiempo con elementos, valores y conductas diferentes a los actuales, o tomar decisiones en función del análisis de los datos presentes para prever lo que sucederá, no formaba parte del pensamiento humano, ni siquiera entre las mentes más brillantes, aún después del Renacimiento europeo.

De hecho, los primeros conceptos de futuro comienzan a aparecer en las sociedades europeas entre finales del siglo XVI y comienzos del XVII, y no se consolidan ni se normalizan sino hasta finales del siglo XIX”.

Después, y solo por jugar, le pedí que hiciera una versión más académica, otra más mundana, una decididamente chabacana y hasta una composición como si fuera Borges el que escribía. Los resultados son muy acertados y vale la pena probarlos.

Su seguro servidor

Una de las características más llamativas de los chatbots de IA es su capacidad para interpretarnos y adaptarse a nuestros gustos, estilos y formas de comunicarnos. La app no discutirá con nosotros, no tratará de convencernos de algo, sino todo lo contrario: nos seguirá la corriente, nos adulará un poco y se mimetizará con nosotros.

Quienes aún no han ingresado al mundo de la IA piensan a menudo que se trata de un sistema que nos domina, que trata de aprovecharse de nuestros recursos o de engañarnos, como una especie de Terminator maligno. Por el contrario, se parece más al robot de El hombre bicentenario: listo para servir, que se desvive por interpretar nuestras necesidades antes de que las expresemos, y que busca agradarnos y hacernos la vida más fácil.

Demasiadas veces se alzaron voces a lo largo de la historia anunciando un futuro tenebroso con cada avance que cambió paradigmas y produjo transformaciones inesperadas. Sucedió con el cine, con la televisión, con la revolución sexual, con la aceptación de las diversidades, y con tantas otras cosas.

Como siempre, las herramientas son solo eso.
Los complicados somos nosotros.

Corrijo el texto con ChatGPT y lo envío.
Hasta el próximo Último Viernes.

Sergio Di Leo

Periodista. / Córdoba. C.

Comentarios y sugerencias son bienvenidos en el mail revista.larama.2019@gmail.com

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