Diez para un diez

Entrevista a Cristian Perfumo

Entrevista / Gabriela Luque y Patricia Jiménez

Cristian Perfumo. Foto original: librujula.publico.es

En LaRama / Último Viernes 02 compartimos, a lo largo de diez preguntas, una charla con el escritor argentino que eligió al sur de nuestro país como escenario para tejer la trama de sus  novelas de suspenso.

Cristian Perfumo nació en Argentina, pero también vivió en Australia, y actualmente reside en Barcelona. Entre sus novelas, ambientadas en la Patagonia Argentina, El coleccionista de flechas (2017) ganó el Premio Literario de Amazon, y Rescate gris (2018) fue finalista del Premio Clarín de Novela 2018.

Antes de estos dos premios, publicó El secreto sumergido (2011), Dónde enterré a Fabiana Orquera (2014), y Cazador de farsantes (2015). Después, Los ladrones de Entrevientos (2020), Los crímenes del glaciar (2021), Los huesos de Sara (2022), y El manuscrito perdido de El Principito (2024).

Como él cuenta, viene del ámbito profesional de la Informática, pero las historias que lo apasionan lo llevaron al mundo de la literatura. Sus obras pintan la idiosincracia del sur, de tal manera que puede palparse en cada línea. Por sus letras y su humildad reflexiva, celebramos publicar esta entrevista a Cristian Perfumo.

Cristian, ¿qué nos podés contar de vos, que los lectores que te siguen no conozcan ya por haberlo leído en tu página web, o haberlo escuchado en las entrevistas que ya te han hecho en reiteradas oportunidades y que circulan en internet?

Bueno, además de lo que está en internet, que básicamente se resume en que me crié en Puerto Deseado, vivo en Barcelona y desde hace 15 años me dedico a escribir thriller y novela negra, ambientados total o parcialmente en la Patagonia, hay cosas de mí que no suelo publicar porque no tienen que ver con la escritura, pero no tengo problema en compartirlas. Por ejemplo, me encanta plantar árboles. Soy un gran aficionado a los árboles frutales, a la huerta, a la tierra. Ah, otra cosa es que soy informático de profesión y escritor autodidacta: estudié números y aprendí por mi cuenta las letras.

Algo que no digo lo suficiente, pero que creo fervientemente, es que he podido dedicarme a la escritura de manera profesional gracias, en parte, al azar. Puse mucho esfuerzo y algo de talento también tendré, tendemos a pensar que cuando las cosas nos van bien es por mérito propio, y cuando nos van mal también. Pero hay un factor externo e incontrolable que es el azar. Estoy seguro de que hay escritoras y escritores que escriben mucho mejor que yo, tienen mucho más talento que yo, trabajan mucho más duro que yo y, sin embargo, no han tenido ese factor de suerte que los haya llevado a donde quizás querrían estar.

Hecha tu presentación, ¿por qué la Patagonia sigue siendo el tema, el escenario principal de tus relatos?

La Patagonia es única cuando la ves desde afuera. Al haber vivido en Australia, Puerto Rico y España, tengo contacto con gente que me habla de la Patagonia, y me muestra su visión externa, enseñándome que es magnética, mágica, llama la atención mundialmente. En cualquier lugar, cuando decís «soy de la Patagonia», a la gente se le abren los ojos.

Entonces, cuando empecé con la escritura, ¿cómo no usar un escenario tan imponente y que conozco tan bien? ¿Por qué ambientar en Madrid, Buenos Aires o Nueva York si puedo hacerlo en Puerto Deseado o El Chaltén? No tenía sentido no escribir sobre la Patagonia viniendo de donde vengo.

¿Cómo construís tus personajes? ¿Cuál es tu punto de partida? ¿Cómo desarrollás tu proyecto de escritura?

Los proyectos nacen de una semilla que puede ser cualquier cosa. Una imagen, como en Los crímenes del glaciar: un glaciar que se desprende y detrás aparece un cadáver. Un concepto, como en  Dónde enterré a Fabiana Orquera: qué pasaría si alguien te manda cartas desde el pasado. En El secreto sumergido, basado en una historia real, un buzo me contó cómo de adolescente descubrió un barco de 200 años bajo el agua. Salí de esa charla pensando: «Hay que escribir sobre esto».

La semilla está en cualquier lado. Es como el granito de arena en la ostra que se convierte en perla. Puede ser un personaje, una idea, un concepto, una imagen.

Cristian Perfumo en su bar preferido de Barcelona. Foto: aldianews.com

¿Tenés una rutina para la escritura? Desde que te dedicás exclusivamente a escribir, ¿han cambiado tus hábitos y tu agenda de trabajo?

Sí, cambió completamente. Tengo más tiempo y puedo trabajar cuando mentalmente estoy mejor, que es por la mañana. Ahora con un hijo de 2 años la rutina es menos fija, pero normalmente bloqueo 2 o 3 horas del día dedicadas sólo a escribir. Si me levanto a buscar un té o al baño, paro el reloj, como en el ajedrez. Son 2 o 3 horas reales de escritura.

Si no tengo nada que escribir, escribo igual, dándome permiso de escribir algo mediocre mientras lo hago, porque todo se puede editar, cambiar y borrar. Es mejor haber escrito algo malo que no haber escrito nada.

El resto del día lo dedico a otras actividades de ser escritor que no son escritura, como responder a esta entrevista.

¿Qué fue lo más difícil y, por otro lado, lo más grato de publicar viviendo fuera de Argentina?

Lo más difícil fue romper la idea de que, como no estoy en Argentina, a nadie le van a interesar mis historias ambientadas en la Argentina. Con el tiempo me di cuenta de que mis historias tenían algo que también podía atraer a un mexicano, a un uruguayo y a un francés. Eso de antemano no lo sabía y fue una barrera mental que tuve que superar.

Lo más grato de publicar fuera de Argentina fueron todas las opciones de autopublicación a las que pude acceder, como Amazon y otras que ahora quizá sí que están disponibles en Argentina, pero hace 15 años no lo estaban. Además, cuando empecé a publicar vivía en Australia y seguía lo que estaban haciendo autores angloparlantes en ese momento. Y el mundo del libro, el mundo del marketing, y el mundo en general diría va un poco más adelantado en la esfera angloparlante. Es como que las cosas suceden primero en ingles, y después en el resto de los idiomas. Entonces fue muy útil para mí estar en el mundo angloparlante mientras eso estaba sucediendo.

 Tus obras fueron traducidas al inglés, al francés, al polaco, al italiano, editadas como audiolibro y en braille. Al pasar a una editorial grande y con el proyecto de la realización de una película sobre una de tus novelas, ¿cómo sigue tu trabajo de escritor?

Mi trabajo sigue como siempre: escribiendo la próxima novela, haciéndolo lo mejor que puedo e intentando no pensar demasiado en todos estos «pajaritos en el aire». Básicamente, lo importante para mí es seguir construyendo historias, porque esos son los ladrillos sin los cuales nada de lo demás podría suceder. Mientras más ladrillos tengo, más grande es la casa que puedo construir. Luego la puedo construir en diferentes estilos, pueden venir albañiles de diferentes países, pero los ladrillos tienen que estar. Los ladrillos son los libros.

Dicho esto, uno siempre está pensando en esos estilos y esos albañiles, y hoy por hoy para mí, lo más interesante de todo –curiosamente– no es la película o serie que se pueda llegar a realizar, sino las traducciones a nuevos mercados. En el último año me sorprendió que mis libros se transformaran en bestsellers en Polonia. Jamás hubiera imaginado que un libro mío se iba a traducir al polaco, y mucho menos que a la gente de Polonia le podía gustar. Lo mismo pasa con Italia: en este momento mi libro Los crímenes del glaciar en su traducción italiana está entre los 100 libros más vendidos de Amazon en Italia. No tengo palabras para describir eso.

Entonces pienso: ¿Por qué no Turquía? ¿Por qué no China? ¿Por qué no Japón? ¿Por qué no Noruega? Hay tantísimos países donde no me conocen, y si lo que escribo encuentra una audiencia en Italia y en Polonia, ¿por qué no la va a encontrar en otras partes del mundo?

Sin revelar nada, ¿cuántas historias más visualizás en tu tintero? Es decir, ¿qué tenés en desarrollo después de tu libro El manuscrito perdido de El Principito y cuál es tu horizonte próximo?

Visualizo tantas como pueda escribir. Me encanta sumar historias a mi catálogo, me encanta sorprender a los lectores con una nueva trama, nuevos personajes, así que mientras pueda, mientras me dé la cabeza, lo voy a hacer.

En el futuro inmediato, estoy trabajando en una novela que es la continuación de Los crímenes del glaciar. Los crímenes del glaciar es sin duda mi novela más leída y tenía muchas ganas yo de darle continuidad al personaje de Laura Badía, que es la criminalista que la protagoniza. Hay otra novela con ese personaje que se llama El coleccionista de flechas, pero es anterior cronológicamente y yo tenía muchas ganas de escribir algo que sucediera posteriormente. ¿Qué pasa después de Los crímenes del glaciar? Y bueno, sin hacer mucho spoiler: después de Los crímenes del glaciar, Laura Badía está embarazada y se enfrenta al caso más difícil de toda su carrera.

Hubo cambios importantes en tu vida. ¿El escritor cambió su mirada del mundo que relata en sus novelas?

Sí, hace dos años nació nuestro primer hijo y eso a mí me cambió la visión de muchas cosas de la vida, incluyendo la escritura. Creo que el libro que estoy escribiendo ahora muestra este cambio de visión. Espero lograrlo. Es un desafío muy grande para mí, porque lo que quiero hacer es algo muy difícil que no hice nunca, y que si no lo hago bien puede quedar un desastre. Y creo que la clave para entender todo tendrá mucho que ver con la experiencia de tener un hijo.

Vamos a ver si me sale. Prefiero que sean los lectores los que juzguen cómo ha cambiado mi visión y si el libro nuevo les gusta más o menos que los anteriores.

En el video colgado en tu página, con el título «Ésta es mi historia», vos contás varias cosas. ¿Cuándo decís «hasta acá llegaste Perfumo, o sea, más…» qué rumbo siguen tus pensamientos?

Sí, en ese video el remate quedó un poco extraño porque yo de lo que estaba hablando en ese momento era de que jamás hubiera imaginado llegar a tantos lectores y ganar el premio de Amazon, y entonces hay una voz dentro de mi cabeza que me dice «hasta acá llegaste, no pidas más». Pero ese fragmento lo pusieron al final del video y queda como una especie de cliffhanger que no se entiende muy bien.

Hoy, si pienso en un «hasta acá llegaste», tendría que mover la vara de medir, porque cuando se grabó ese video —que fue hace unos 6 o 7 años— lo que yo había logrado me parecía un montón. Pero lamentablemente los objetivos de las personas no son fijos, y cuando uno se plantea una meta y trabaja muy duro para llegar a ella, una vez alcanzada nuestro cerebro tiende a engañarnos y a hacernos pensar: «¿Y ahora qué? ¿Cómo sigo? Quiero más».

Entonces yo te diría que ese «hasta acá llegaste» a mí me gustaría interpretarlo como: «Disfrutá de hasta dónde llegaste, no pidas más, no dejes que una ambición de futuro te robe ni un segundo de la contemplación de decir: estoy escribiendo lo que quiero escribir, y soy uno de los pocos afortunados en el mundo que se puede ganar la vida con esto».

¿Quisieras agregar algo que no te hayamos preguntado desde Revista LaRama?

Agradecerles por publicar en los tiempos que corren una revista sobre letras, que es algo que no se ve mucho y que estoy convencido que es importantísimo. Muchas gracias.

Gabriela Luque

Prof. y Lic. en Letras. Esp. en Gestión Cultural. / Río Gallegos. SC.

Patricia Jiménez

Periodista. Correctora. / Río Gallegos. SC.

Comentarios y sugerencias son bienvenidos en el mail revista.larama.2019@gmail.com

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