Cartografía geográfica y afectiva
Galería / Muestra inmersiva por Bettina Muruzábal

Cacica es activar memoria, sentir a María, cacica Aónikenk. Comprenderla poniendo el cuerpo en modo performático dejar que se exprese como acción poética, como gesto de resistencia y reparación histórica. Cartografiar su historia, viajar a Malvinas, dialogar, enlazar vínculos, generar encuentros, hallar sus huellas. Una mujer que ocupó un lugar de liderazgo pacífico, audaz, en la Patagonia del siglo XIX. Deshacer los pliegues de la historia patriarcal. Mapear, interpretar el territorio. Encender fuegos en su honor en el presente.
Si se tratara de trazar mapas, coordenadas o accidentes geográficos, la obra de Muruzábal no vibraría. Su cartografía es otra: íntima, afectiva. Una geografía de lo amoroso, lo cálido, lo peludo. Fotografías, retazos, elementos que se van uniendo como si fueran tejidos de memoria. Venas masticadas con cuidado —como en los Kai Ajnun o los quillangos— enlazan la composición con una delicadeza feroz.
¿Es memoria histórica o memoria con arte? Tampoco. Es una memoria viva, encendida como un fuego, como una llamita apenas visible que, aunada por el viento, traza la cartografía afectiva de la Patagonia.
Curaduría: Toia Ibañez

Bettina Muruzábal
Artista plástica / Río Gallegos. SC.
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