Poesía del Último Viernes

Sección curada por Jorge Curinao / Imagen original de Carlos Besoaín.

leña de nadie

una ráfaga cruzada
distinta de las otras
quebró la rama del fresno
la más alta

todavía
como un brazo roto
cuelga
no se des
prende
baila
todavía

una danza amarilla
un vaivén
golpeando en las ventanas

brazo ciego
revolviendo
nada
ante la noche

traza signos
en la órbita del viento

braceando qué
sino polvo de la estepa

leña de nadie sea
este brazo
ebrio
que escribe
su fulgor
en el aire
meditación en la estepa

qué forma del sufrimiento
comprendió gautama
al adentrarse en los bosques
y convertirse al ascetismo?

habrá sentido el hambre verdadero
del mismo modo
que el dolor de la vejez,

el deterioro de los cuerpos
hacia la muerte?

cuando el dolor fundamental
de la finitud humana
haya sido borrado por la propiedad
convertido en mercancía

sólo escombros del satori
asomarán
entre los restos
de una tierra baldía
este viento en la cara 

todo lo dejé
por sentir este viento en la cara
volví por mis muertos
uno a uno los cargué sobre mis ojos
hasta devolverlos al paisaje
el viento era un solo aullido de fantasmas

las matas giran rodando por el cerro
y bajan
como un tropel de huesos amarillos

tropezando llegan
hasta el mar y se deshacen

matas de agua son
espuma de los cerros
molidas en las olas

un rumor de agua
lamiendo
estos huesos
amarillos



todo lo dejé
por sentir este viento en la cara
vine por los muertos
que aún me quedan
uno a uno los llevo en la mirada

juan bautista pasa volando
el primero a corazón abierto
se hunde entre las ráfagas
que lo ondulan y devuelven

es una imagen espiralada
un sonido apenas
algo rodando cerro abajo

ahora es un viejo
chiflando entre las matas

un olor a pinturas rojas
pulverizadas en el viento

una nube soplando a corazón abierto

mi mesa chilota
cubierta de flores
en el medio de la pampa

todo lo dejé
por sentir este viento en la cara

volví por los tomillos
no
ni siquiera por ellos
sino
por su perfume evanescente

la memoria absoluta de su delicia
que no abandonó esta piel
ni en las horas de espanto
en que he vivido
florcita del yao yin

y aún no sé
de qué modo
me parezco a los cerros
pero vos me dijiste así
y ahora que anochece
me disuelvo con ellos

es tiempo de volver
a ser
aquello que nunca fui

la canción que persigue
la piedra
rodando en la arena

el brillo apenas
de la luna
hecha polvo
entre las olas

anochece
y ya es tiempo de volver

florcita del yao yin
imperceptible es tu color

y tu perfume embriaga
en la noche silenciosa
ramalazos 

amor me invade con ciertos ramalazos 
sutiles aleaciones ahora
dibujan el sonido de tu voz 

una sinestesia en todos los sentidos 
se expande y gira 

hiere con
oleajes de vos algunas noches

ramalazos de imágenes ahora:
tu boca rojísima por un instante 
y un reflejo intraducible de labios y palabras 
un aleteo de cosas inasibles 

qué extraña música obró el milagro de lo junto?

habrán sido los mediodías de la infancia
los viejos valses
las retamas?

hierbabuena matico 
el cedrón entreverado con menta negra 
ese perfume de poleo creciendo junto al fuego?

y tal vez nada de eso sino 
la imagen latente 
de un mundo olvidado para otros 
menos para vos 
o para mi 

para aquellos
que vieron crecer el vientre de la luna
desde las faldas floreadas de las abuelas 

girasoles estampados
agitados a contraluz 
en el vaivén de sus caderas 

siemprevivas en manteles de hule
con panes tibios a la mesa

y dónde ves ahora
ramitos de albahaca aromando en la ventana
ahora que todo nos lo cobran
incluso 
aquel verso inacabable de vallejo

ramalazos de vos
algunas noches

un nudo cordial 
que suelta y ata 
a tu cintura

una corriente
intraducible 
se expande y gira

me lleva a vos
como ese aire de tomillos
la canción
a César Barrientos

y ahora otra vez

un viento entre las chapas
vuelve a cantar
la canción del cerro

las pone a silbar
como llamando
a quién?

tras las ráfagas de cien
quedan vibrando

zapatillas colgadas de los cables

un temblor de luz
cae como agua
mojando la oscuridad

debajo de las puertas
un pájaro de arena
entra y se desliza

deshace el borde de las cosas
y se va

aleteo del mundo
qué frágiles los cuerpos
que enrojecen
y se van

y ahora otra vez
ese viento entre las chapas

vuelve y vuelve
con su vieja canción

las pone a doler
como llamando,
a quién?

Jorge Spíndola

Escritor. Poeta / Comodoro Rivadavia. Ch.

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