Presentación del poemario Me han pedido que hable de belleza, de Jorge Spíndola
Crónica / Ezequiel Murphy

En el marco de la 12ª Feria del Libro de Comodoro Rivadavia se dio una reunión especial en torno a la presentación del libro Me han pedido que hable de belleza, del poeta Jorge Spíndola, una antología seleccionada por Dante Sepúlveda, editor de “La Adivinación”.
La convocatoria era para la tardecita del domingo 3 de agosto en el CEPTUR. La gente llegó temprano; entre intercambios y saludos ya se prefiguraba un clima único. Todo evento se encuentra embebido en un clima que depende de múltiples factores. Algo que se va hilando entre artistas, poeta, público, espacio y tiempo. Un libro contiene una presencialidad imperecedera y también una historia. Esa historia es como un acordeón estirado, hasta que, en un momento, por ejemplo, en una presentación como ésta, se cierra y los pliegues del fuelle se aproximan hasta tocarse, emiten sonidos y surge esa presencialidad que nace de su memoria y se corporiza en ese nuevo espacio-tiempo.
Los lugares se fueron ocupando y pronto se evidenció que faltaba espacio; hubo que buscar sillas y amontonarse un poco. El murmullo, el rasgueo de las patas de las sillas contra el suelo y el siseo de los pies al trasladarse anticipaban una música de cuerdas y de viento entre palabras.
De pronto, un acople de micrófono funcionó como antesala e inició el suceso. El locutor hizo la presentación formal y los aplausos se acompañaron con ovaciones y silbidos.
Quien tomó la palabra fue Jorge: agradecimientos mediante, presentó a quienes lo acompañaban. El primero en compartir sus apreciaciones fue Ezequiel Murphy, quien realizó un recorrido como lector; desde el primer libro Matame si no te sirvo, sobre el cual resaltó la fuerza de las palabras y leyó “Romance del pedacito de carbón y doña rama”. Luego hizo mención a Calles laterales, un libro, según Murphy, “(…) que venía a leernos el envés de una ciudad”. Además, señaló que sus textos provocan preguntas, “(…) evidencia de que la poesía está haciendo algo ahí, con el lenguaje”.
En ese recorrido mencionó a Flores encontradas“, presentado pospandemia en el Centro Cultural de Comodoro Rivadavia. De este leyó: “Esas moscas en el aire yo no sé”.
Por último, propuso leer la antología como las derivas y quizás la metamorfosis de la poesía de Spíndola, donde solo habría una cosa inmutable: el peso, el volumen que le otorga a cada palabra y que construyen una atmósfera propia, hecha de agua, de viento, cuerpos, viaje y memoria.
A esta intervención le siguió la de Majó Abeijón, quien comenzó invitando a pensar en la poesía cercana, la que habita lo cotidiano. Una cotidianeidad que está rota, de la que tenemos fragmentos —dijo— y son los poetas quienes los juntan y los ponen en un orden, para que veamos las cosas de otra manera.
En este punto, el ambiente y las palabras hicieron lo suyo y la emoción se adueñó del momento; un presente donde confluyeron los senderos. Pausa, abrazo entre Jorge y Majó para recuperar el aliento.
Majó continuó diciendo: “el poeta deja un hilito del que nos podemos agarrar”; “nos salva o nos zambulle en las partes más oscura, pero para luego salir a flote transformados”. Luego recitó “Escalera al cielo”. Al finalizar, se dirigió a Spíndola para preguntarle si el transitar la escritura en la desesperación o la felicidad lo dejaba exhausto. Jorge contestó que somos como esos seres vivos en el fondo del mar que pudimos ver en la expedición del Conicet. Seres que están a 3000 m de profundidad sin que dé el sol y, sin embargo, hay belleza ahí abajo. “Creo que eso es una gran metáfora de cómo estamos”. Exhaustos también.
Como cierre, ambos leyeron: “La mata de los Mardones”. Lectura intercalada que entabló un diálogo entre el poema y las voces que de él emanan.
Retomó el micrófono Jorge para rememorar los espacios de barrio que sus poemas contienen. Luego, en sintonía con aquello de la historia del libro, comenzó a contar el germen del poema que da nombre a la antología. Así trajo el recuerdo de sus años como docente en Trelew y la toma del barrio Dignidad, donde muchos de sus alumnos de la escuela N° 720 tenían familia: “Un día hablábamos del concepto de belleza en la clase y de pronto empezaron a desalojar el barrio con perros, policías y topadoras”. “Son momentos —dijo Jorge— donde te sentís obligado a pensar de qué hablamos cuando hablamos de belleza. Porque en esos años había toda una situación de violencia institucional.” Con esa contextualización, continuó con una lectura profunda del poema que interpretó desde el paladeo de los versos y la proyección de dolorosas imágenes. El público quedó en un silencio duro y contenido y las lágrimas de unos cuantos se dejaron caer al inclinar sus cabezas. Jorge recuperó el discurso para reflexionar sobre la poesía, sobre el lenguaje y lo que hace en y para el mundo.
El evento siguió y se sumaron voces; junto a Jander Gomez, escritor y profesor brasilero, leyó “Perro lamiendo luna” en una versión castellano/portugués.
En este navegar derivando llegó el turno de la música y la danza; con Yamila Elías en teclado y voz, y su minuciosa mirada sobre el arte, a quien acompañó Lucas Doello en el bajo y Juliana Costes Rosado en las lecturas. Para completar la performance, el evento contó con danza butoh a través de Patricia Soto.
Primero deleitaron con el recitado de “La leyenda del remero tuerto” acompañado por los músicos. Le siguió la danza de Patricia con un potente recitado de “Wüñelfe”, armoniosamente matizado con la música. En un todo encadenado, Juliana cerró su intervención con la lectura de “Lomas rosadas”.
Y, como sorpresa para Jorge, Yamila cantó el poema “Como un viento de nadie” musicalizado por ella.
No quedaron más que agradecimientos y palabras finales del autor, saludos y firmas de libros. Poco a poco el silencio, para comprender que, una vez más, se nos había llenado el corazón, gracias a estos eventos que son refugios analógicos donde los cuerpos pueden encontrarse con la palabra que no viene sola, sino tomada de los gestos y la presencia.
Nota: Para esta crónica se utilizó como apoyo el registro audiovisual de Hector Allende.

Ezequiel Murphy
Profesor Universitario. Poeta / Comodoro Rivadavia. Ch.
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