¿Por qué poesía?…

Infancias / Verónica Lamberti

         Cuando iba a la escuela, la maestra nos leía frecuentemente poesía de los grandes de la literatura, entre ellos Javier Villafañe, Juana de Ibarbouru, Juan Ramón Jiménez. Escuchábamos poesía, leíamos poesía, y también escribíamos poesía. Ese fue mi primer encuentro con el género literario que marcó mi vida.
     Cuando fui madre, le cantaba y leía a mi barriga, (nanas, poemas, rimas). Nacieron mis hijas y lo continué haciendo, junto a ellas y con ellas, hasta que solas cultivaron su amor por los libros entre ellos los de poesía.
   Cuando estudiaba para ser docente, conocí una variedad de textos literarios. Aunque predominaban los textos de narrativa, me inclinaba siempre a la poesía de Elsa Bornemann, María Elena Walsh, Laura Devetach, entre otros. Gramática de la fantasía, de Gianni Rodari, me permitió descubrir la poesía desde otra mirada, la del sinsentido, de la fantasía, del juego de palabras.

   Cuando trabajaba como docente, tenía una cita semanal ineludible con mis pequeños estudiantes; estaban atentos y sabían que cuando colgábamos el cartelito en la puerta de la sala (momento literario), algo distinto iba a suceder; y luego de ello ya no seríamos los mismos. El silencio nos envolvía, ellos esperaban la palabra, primero nos mirábamos y luego, por ejemplo les decía: “Hoy les voy a cantar un poema”. Comenzaba haciendo sonar las palabras, inmediatamente observaba la devolución de sus cuerpos y sus miradas. La motivación había encaminado este momento literario hacia buenos resultados. “Ahora nosotros, Seño” se escuchaban sus voces. En total clima de confianza, les compartía el poema “El escarabajo” de la gran poeta patagónica María Cristina Ramos, que cuenta las vicisitudes para subir por el tronco de un árbol del protagonista. Lo musicalicé haciendo uso de mi creatividad, y tuvo muy buena aceptación. Ellos comenzaron a cantar el poema: “Sube cuesta arriba, el escarabajo, por las vereditas, ásperas del árbol…”. Y se tornó en un agradable e inolvidable momento.

 Hacía varios años había leído el libro de poesías Maíces del silencio de la autora antes mencionada. Desde el primer momento que leí este poema, comenzó a resonar dentro mío su música. Me dije a mi misma que fue oportuno haberlo compartido con los pequeños del Jardín. Asimismo, fue contundente la aceptación y apropiación de este.

Comparto estas palabras que escuché alguna vez de la inmensa Liliana Bodoc: “…no es lo mismo la flor del libro de biología, que la flor de mi poema…”. Y así sentí que pasó con el escarabajo del poema. Bodoc nos dice: “La diferencia entre la literatura de adultos y literatura para niños, es que ellos necesitan mediadores para conocer textos literarios, aunque con el riesgo de que ellos a veces, exigen una utilidad extra, hay que lidiar con el colador de los mediadores que incide en los textos que llegan a los niños”.
Comparto lo que expresa, porque en el transcurso de los años he podido observar los textos que circulan en las manos de educadores.
Considero que la ficción que se basa en hechos reales, es poderosa, nos puede salvar, es la manera de poder decir. Me agrada escribir ficción, me identifico con el sinsentido que conocí a través de Edwar Lear, Gianni Rodari, Maria Elena Walsh y otros autores que influyeron en mí.
     Sin embargo, en La construcción del camino lector, Laura Devetach explica la importancia de unir los textos internos y los textos externos de un cuento o de una poesía. La construcción del sentido nunca es un evento solitario, desprovisto de ese otro que es tan importante como el texto mismo. La construcción del camino lector se inicia en y con otros. Siempre es el producto de un acto de compartir, de dejarse descubrir y sorprender, es la riqueza del acto de comunión.
   Cuando me jubilé comencé a habitar otros espacios literarios, Ferias del libro, Bibliotecas, otros. Es fundamental la responsabilidad y seriedad con las que proponemos lecturas y actividades literarias, y qué postura tomamos frente a ellas. Comparto con ustedes la siguiente afirmación: los poemas no van dirigidos a la mente sino al corazón, por lo cual todo esfuerzo dedicado a su “comprensión”, no sólo es inútil sino contraproducente. Porque, ¿qué quiso decir Elsa Bornemann en el poema Cuento sin ton, ¿pero con son?, de Disparatario, Santillana (2000). Constituyen un seguro disparador hacia la imaginación y la fantasía.
    Podríamos entonces afirmar que poesía infantil es aquella que, independiente de cuál ha sido el propósito del autor, es aceptada y gustada por los niños. Por lo general, esta poesía no ha sido escrita específicamente para ellos, pero conecta con su sentir, traduce su inquietud y no tiene otra utilidad que su belleza.
    Señala el poeta español Kepe Murua: “[La poesía] no sirve para alcanzar el poder, pero sirve para responder al poder con sentimientos cercanos. No sirve para enseñar a nadie nada, pero sirve para mostrar lo que acontece por el mundo. No sirve para matar, no sirve para morir, no sirve para rezar ni para jugar con fuego. Pero sirve para emocionar, para vivir en otros cuerpos, para vivir sintiéndose vivido, para sentir la hondura y belleza de las palabras que nos explican cómo somos. No sirve para gritar, no sirve para llorar, pero sirve para sentir el deseo, para alzar la voz en silencio, para que su tristeza te atraviese el pecho. No sirve para liberar a nadie, no sirve para juzgar a nadie. Pero sirve para hablar con libertad, para proclamar la inocencia de las cosas, para rebelarse contra la locura de la historia. No sirve para bailar, para emborracharse. Pero sirve para celebrar la vida, para embriagarse de otros sentidos, para moverse por otros lugares. Da vida a los muertos y nombre a lo que a menudo no tiene nombre. No sirve para la muerte. Sirve para la vida. Es nada, pero al final, sirve”.

Para cerrar las palabras de María Hortensia Lacau: “Jamás debe perderse de vista el poema en sí como expresión y concreción de lo poético. Antes que nada y que todo, un poema es un poema. Su esencia es la poesía, lo poético. Por lo tanto, el poema debe ser leído, interpretado, sentido y gozado como poesía, y sólo después vendrán sus posibilidades de múltiples enfoques y aprovechamiento”.

Verónica Lamberti

Docente. Escritora. Poeta. / Caleta Olivia. SC.

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