Un compromiso literario

Presentacion del libro «Un amor imposible», de Graciela Cros

Cuando hablamos de la palabra dada, podemos referirnos a distintas situaciones, pero cuando la utilizamos en el ámbito de la literatura es posible aludir con esta expresión a la creación de un libro, a su presentación, a una tradición, entre algunas de las opciones disponibles. Presentar en sociedad una nueva obra conlleva desafíos, pero, sobre todo, el compromiso de quien escribe el libro y de quienes lo leerán, y que también estarán interesados en asistir a ese especial momento en que se produce el primer encuentro de la obra literaria con sus lectores.

En este caso,  Un amor imposible de la escritora Graciela Cros, segundo volumen de La Trilogía de los diarios, editado por Las Guachas Ediciones,  fue presentado en la Sala de Lectura de la Biblioteca Sarmiento –en el Centro Cívico de Bariloche-, el viernes 22 de agosto.

En la presentación, la poeta y gestora cultural, integrante de Yuyos Malditos activismo poético y Asamblea de poetas Bariloche/Dina Huapi, Silvia Urubey, tuvo a su cargo las palabras que acompañaron el evento. Además, estuvieron Tamara Padrón Abreu, quien tuvo a cargo la dirección editorial de la publicación, y Dante Sepúlveda,  ambos poetas y editores de San Martín de los Andes. Por su parte, y como es habitual, la poeta de Bariloche, y autora de Un amor imposible, leyó pasajes de la obra. La música acompañó desde las interpretaciones de las violinistas Julia Bolonci y Camila Bendersky. Cabe recordar, por último, que un tríptico que se entregó a los asistentes, incluyó la foto de una obra de arte, objeto cerámico intervenido, grabado y editado digitalmente por Gabriela Juárez; y un texto bajo el título Textos de mesa, procesos de escritura, también de Urtubey, que La Rama Último Viernes recibió para compartir con ustedes. 

Las palabras de Silvia Urtubey el día de la presentación de Un amor imposible, a las que bautizó Un campo en trance, nos dan pistas de lo que podrá ser la experiencia de lectura al recorrer el mundo literario de Graciela Cros, y hace honor a la calidad de su obra desde el lugar de la lectura.

Un campo en trance 

Por Silvia Urtubey

Escribo prosa mientras junto valor para los versos,

escribo prosa para que los versos

se escriban casi solos

Fabio Morábito

Solo temblando hay amor

Helen Cixous

Cuando Graciela me invitó a comentar Un amor imposible me dio un vértigo… Mientras le digo que “sí”, empiezo a temblar. Lo disimulo con engañifas infantiles mediante las cuales yo creo que le hago creer que soy recanchera y que todo está bajo control, pero la verdad es que no.

Después voy entendiendo que el convite es a una lectora. No apela a una impostura falluta. Sabe que no soy profesional ni académica e igual confía en mi código de lectura.

Cualquiera de nosotres, todes, a solas con un libro, somos responsables de lo que leemos, de cómo lo “traducimos”. Y entonces, se me pasa el miedo, ma non troppo: ya no lavo la ropa ni los platos, ni barro el piso. Entro en una… Soy mi experiencia de leer y eso es, en palabras de

Romina Olivero, Graciela Cros, Un amor imposible y yo, todo ese gualicho que vamos a nombrar “lectura”.

Decía Piaget que “para el recién nacido y el lactante el mundo esencialmente es una realidad susceptible de ser chupada”. Lo parafraseo: el mundo es una realidad susceptible de ser

“fechada”. Este libro fue escrito día tras día durante 90 jornadas consecutivas fechadas a la manera de entradas de un diario y cada día es también un día de mi vida: 3 de junio, Ni Una Menos. 10 de junio, me toca la VTV del auto. 1 de agosto, muere mi padre. 4 de agosto, el día que dejaste de hablarme. 25 de julio, muere mi madre y justo en esa fecha no hay entrada en este diario. Un fantasma sin renglones ni metáfora viene a quedarse en “mi” página 113.

Un campo en trance, así titulé este texto, es el último verso de un poema de Graciela Cros que ella cita en la entrada del 4 de agosto. El poema se llama “La idea de modernidad” (de La cuna de Newton) y aquí transcribo los últimos versos:

Mis recuerdos son de otros.
Una memoria es como un campo
de margaritas silvestres junto al lago.
Un campo en trance.

En esa misma entrada hay una línea de pensamiento acerca de la “poesía como palimpsesto” y “el arte de reciclar” que se implica en la escritura; insistiendo, reforzando, lo que ya había mencionado en la Entrada del 10 de junio:

Reúno estas palabras para ustedes, vuelvo sobre ellas, otros las han pensado antes y otros las pensarán después de mí, ese ya es un motivo para volverlas a ver. Nada es nuevo, nada es original, pensamos y escribimos sobre lo que otros pensaron escribieron antes ¡inevitable y gozoso palimpsesto!

El tiempo, astilla que atraviesa Un amor imposible. Dice el escritor Juan José Becerra que “el amor sería el epifenómeno del gran tema universal: el tiempo”. En el libro, la poeta rodea ese sistema sin artificios duros: El tiempo y la vida, el tiempo y la literatura, el tiempo y la muerte, el tiempo y la memoria, el tiempo y el cuerpo y los nombra de diversas maneras:

*	a mi edad, tiempo es lo que escasea, lo que nos falta;
* Necesito anotar el paso del tiempo compulsivamente (…) Día, mes, año (…);
* Tenemos poco tiempo por delante;
* Otros tiempos, amigos míos, lloremos sobre aquella Edad de Oro perdida;
* ¿Acaso me abandonas cuerpo mío? ¿Por qué lo haces, cuerpo, por qué no me acompañas?
* Ya perdí mucho tiempo tomando atajos que no iban a ninguna parte.

Cita a Anne Sexton: En un sueño nunca se tienen 80 años (…)

Cita a Discépolo: Fiera venganza la del tiempo/ que le hace ver deshecho lo que uno amó.

Rechaza el eufemismo “gente mayor”. Dice “somos viejos” y no disimula su indignación cuando lee en un diario barilochense la palabra “anciana” refiriéndose a una mujer de 65 años. ¡Qué falta de respeto, qué atropello a la razón! Vuelve a traer a Discépolo.

El tiempo, dijimos, astilla que atraviesa Un amor imposible. Así de clarito lo cuenta Graciela Cros en la entrada del 9 de junio:

Sólo quiero escribir. Leer y escribir. Conseguir ese tiempo, esa concentración, ese viaje al fondo de mí misma sin que nada ni nadie se interponga en mi deseo. Leer durante horas sin interrupciones. Escribir frenéticamente cada mañana, cada tarde, cada noche sin demandas del mundo exterior. Construir ladrillo a ladrillo esta poderosa barrera, muro, dique, que frene a la muerte. Es mi derecho, mi obsesión, mi subterránea desesperación frente al paso del tiempo.

Parece que Un amor imposible tiene, además, un registro “epistemológico”. Unas cuantas veces la autora hace referencia a cómo lo está creando, con qué andamios lo va sosteniendo y cómo piensa seguir; reflexiona sobre la estructura del libro y del libro en el marco de la trilogía. Lo escribe mientras va escribiendo, como una ingeniera que susurra frases acerca del hormigón, los fierros, el cálculo de materiales mientras va construyendo su puente:

*	la pregunta del por qué y el para qué (16/5);
* nos explica cómo es la arquitectura del plan de la trilogía (29/5);
* cuenta de dónde le vino esa idea de
“trilogía” y se la restituye con honestidad a la poeta Selva Almada;
* Roza lo metodológico/literario: Escribir, escribir acerca de eso.

Escribir

acerca de cómo era eso. Recordar. Recordarlo (…) recordar desde mi posición propia (…) vino la literatura en mi auxilio, ella, el auténtico amor imposible. (30/5);

* Discute a veces: No estoy de acuerdo con no incluir en la escritura de este diario en el que consigno mi día a día, y sobreabundo, palabras de otros que traen luz y belleza, profundidad y consuelo (…) (11/6).

Cros dice, viene diciendo a lo largo de su obra, Hace bastante que decidí romper los géneros y olvidarlos.

Nosotres, mortales lectores, lectoras, vemos en las páginas de Un amor imposible cómo lo hace otra vez. Diario, memoria, mapa de lectura, recurso, confesión, bitácora, filosofía… Hace

“jueguito”: cabecea, le pega de taquito, con la rodilla, con el empeine, con el talón, de rabona, la pica, la descansa, la levanta, y una la ve ir y venir con naturalidad, mirar hacia “el cielo protector” para verlos caer (a los géneros literarios) convertidos en algo nuevo, distinto. Hace “la de Cordelia”, fabrica UNA MÁQUINA VERBAL.

La autora es extremadamente meticulosa con las citas, las fuentes, las traducciones, pero deja correr la escritura que se implica en “su” posición propia, con fe en las experiencias perdidas. Deja la lengua suelta, dice en diversas entradas:

*	No sé, tengo dudas;
* no recuerdo si…;
* es ambiguo...;
* puede ser que no sea exacto…

O sea: no son los datos lo central de su posición propia. Lo que no sabe también quedará en el riesgo de la letra de molde, habiendo podido suprimir las dudas borrón tras borrón hasta la prueba de galera. No teme caer en el error, perder el control. El tábano de la exactitud no la perturba. Parece escribir con la misma libertad con que hablaría. Tiene las riendas a lo largo del libro, incluso cuando sospecha de las cabriolas de su memoria.

La palabra amor: significante per se mutante de un sujeto a otro, de una época a otra, de un amor a otro, de un minuto a otro en la vida de alguien. Graciela Cros en este libro no impone un único amor imposible a sus lectores, lectoras. Deja lugar para que cada quien encuentre su

propio amor o amores imposibles.

Y el significante “literatura” ¿está también en crisis? ¿tiembla? ¿qué desea la literatura? ¿cuál es el big bang que la contiene? Son preguntas que Un amor imposible me suscitan.

Traigo aquí algunas líneas de un poema de Camila Bendersky con el que Graciela dice sentirse identificada:

Ya no quiero hacer cosas difíciles.

Esta va a ser la última cosa difícil que haga. Quiero fluir con el entorno de manera simple.

Hacer cosas de vaga.

A cuántos de quienes estamos acá nos resuenan los versos del Indio Solari yo ya no puedo cumplir hazañas que prometí. Todavía Cros promete un libro más que completa la trilogía y ya lo estamos esperando.

Gracias, Cros por hablar/escribir, sin saberlo, en mi nombre: también “Yo era más feliz cuando sufría”.

Comentarios y sugerencias son bienvenidos en el mail revista.larama.2019@gmail.com

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