Un periplo literario por Europa

Crónica / Patricia Sampaoli de Bonacci

Primera parte

Los viajes son maravillosos y, si se comparten con una hija, ¡ni les cuento! Claro que, si son conmigo, comportan una trampita, porque mujer literaria como soy, no escapan a recorridos decididamente vinculados a las letras. Eso sí, nobleza obliga, no lo son a lo largo de todo su itinerario.

Mi hija es una cinéfila neta, no una lectora acérrima como su madre. Así que, el viaje a Irlanda, en principio, lo decidieron un par de pelis románticas. Queríamos ver esos paisajes sumamente verdes y percibir esa rebeldía en contra del trono británico, que les llevó a ser una república a mucha sangre y fuego. Aspecto que, debo decir, es de nuestra grata aprobación.

Tengo que confesar que Inglaterra, el país en el que aterrizamos primero, representa una enorme paradoja para mí: connotación negativa en cuanto a lo político, pero parte inapelable de mi formación literaria… ¡Ah, esa literatura! ¡Ah, esas mujeres en los páramos que tanto dijeron a mi mundo juvenil e incluso adulto! ¡Ah, esas voces capaces de mostrar la vida miserable de las ciudades y las minas de carbón, de la sociedad de élite con toda su hipocresía! Y otro ¡Ah! para el misterio y el suspenso de la mano de, quizás, los mejores detectives de tinta y excentricidades: Sherlock y Poirot.

Nuestro viaje, llevado a cabo en 2013, del que voy a rescatar en esta primera parte solamente algunas de sus vivencias, comenzó por Inglaterra, pasó por Irlanda -nuestro sueño a cumplir- y nos dejó París y un final con mi familia que vive en Italia. He aquí, solamente Inglaterra, por una cuestión atormentadora: el espacio a respetar…

Primer destino

Londres. Una ciudad con una historia que se remonta a la época romana, donde te maravillan, en vivo tanto como en películas o documentales, el Palacio del Parlamento, la torre del «Big Ben» y la Abadía de Westminster.  Y  no escapó a mi cerebro una vez allí -gajes del oficio que le dicen-, el que mi pensamiento hurgara en alguno de sus enclaves declarados Patrimonio de la Humanidad, como la Torre de Londres y el Real Observatorio de Greenwich, con sus historias a disposición de mis euforias intelectuales.

No fuimos al museo de cera de Madame Tussaud, pero descubrimos en el número 221B de Baker Street, en el centro de Londres, cerca de Regent’s Park, el Museo de Sherlock Holmes. Un museo privado inaugurado en 1990, el primero del mundo dedicado al famoso detective, emplazado en una casa georgiana construida en 1815 (catalogada como Grado II en la Lista del Patrimonio Nacional de Inglaterra). 

El edificio es de tres plantas y está decorado con los muebles y pertenencias de la época en que la ficción alojó a sus personajes y tramas: 1881 a 1904. Esos personajes parecen a punto de aparecer en cualquier momento… incluido el inigualable autor escocés que les dio vida: el médico Arthur Conan Doyle. Entrás y se abre toda la cotidianidad de Sherlock Holmes y el doctor Watson residiendo allí como inquilinos de la señora Hudson. Te resuena: Cuando hayas eliminado lo imposible, lo que queda, por improbable que sea, debe ser la verdad…

Segundo destino

Alton y Chawton. “Es una verdad universalmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita esposa”. Jane, Jane… ¡Allá vamos!

Alton es una pequeña ciudad inglesa situada en el condado de Hampshire (que nunca sé bien cómo se pronuncia).  Muchos conocen el lugar como el «País de Jane Austen» por sus vínculos con la vecina parroquia de Chawton, donde penetramos en el/al mundo de comienzos del siglo XIX de la mano de la Casa Museo de esta escritora extraordinaria -aunque para Mark Twain sus novelas eran notablemente aburridas-.

Nos tomamos un taxi desde la estación de trenes de Alton (marcadamente parecida, por su estructura de chapa acanalada, a las de los ferrocarriles argentinos), rumbo a la parroquia de Chawton y caminamos embelesadas, pensando “este aire respiró Jane” … Un olorcito a pasto matutino, con algo de una humedad que todavía el sol del verano no hacía desaparecer.

La vivienda de Jane Austen en Chawton fue su último hogar, y en ella escribió, revisó y publicó   sus seis novelas: Sensatez y sentimiento, Orgullo y prejuicio, Mansfield Park, Emma, La abadía de Northanger y Persuasión. Todas leídas por mí, algunas releídas en distintas épocas, siempre preguntándome cómo se le ocurrían, tan dentro de su casa como solía estar, semejantes argumentos y personajes. Bueno, me digo, era su mundo y lo supo observar.

Jane vivió allí los últimos ocho años de su vida, era propiedad de su hermano Edward, un edificio del siglo XVII que ella abandonó para buscar tratamiento médico en Winchester, donde falleció apenas dos meses después, el 18 de julio de 1817 -aniversario en que, sin saberlo, comencé a pergeñar este artículo-. La casa fue escenario del resto de las vidas de su madre y de su hermana, que se encuentran enterradas en un pequeño cementerio que pudimos visitar. Los restos de Jane no se encuentran allí, sino en Winchester. 

Nos cuenta la información que fuimos recibiendo al recorrer el lugar que, en 1845, la casa se dividió en tres viviendas para el personal de la finca de Chawton y que recién en 1947, es decir cien años después, el edificio se puso en venta y fue adquirido por T. E. Carpenter. Su nuevo propietario la convirtió en un museo dedicado a la vida y obra de Jane Austen, abierto al público en 1949. Actualmente es un patrimonio protegido de Grado I y uno de los sitios literarios más importantes del mundo.

Al caminar por sus pisos de madera y subir sus escaleras crujientes, los muebles, los vestidos, las joyas, los libros, las cartas, la vajilla, las teteras de cobre, parecían sumarse a las voces de las muchachas Bennet. Tal vez Darcy, tímidamente indeciso, nos observó desde alguna de las ventanas que dan al hermoso jardín. Tal vez…

Y pensé en Cassandra, en su prometido Thomas Fowle que murió de fiebre amarilla en el Caribe poco antes de casarse con ella; pensé en Jane, que escribió tanto acerca del amor; y en que ninguna de ambas hermanas Austen se casó. 

“Cuanto más sé del mundo, más estoy convencida de que nunca veré a un hombre a quien realmente pueda amar”.

Patricia Sampaoli de Bonacci

Doctora en Historia. Escritora. / Caleta Olivia. SC.

Comentarios y sugerencias son bienvenidos en el mail revista.larama.2019@gmail.com

Scroll al inicio